
DivergentBrain: una historia personal hecha proyecto
La historia de DivergentBrain nace de un lugar profundamente personal. Durante años, trabajé evaluando y acompañando a niños y adolescentes con TDAH y autismo. En ese proceso, empecé a reconocer algo inesperado: yo era como muchos de esos niños.
Cuanto más entendía el mundo de la neurodivergencia, más sentido encontraba a mi propia historia de vida. Comprendí que no solo era yo. Crecí en una familia neurodivergente: con un padre y familiares dentro del espectro autista, y una madre con TDAH. De pronto, piezas que llevaban tiempo sueltas empezaron a encajar: mis discusiones con mi familia, en las que me sentía rechazado, incomprendido o incluso no querido, cobraron otra dimensión.
Hoy entiendo que esa falta de sintonía emocional no era falta de afecto, sino, entre otras muchas cosas, una diferencia profunda en nuestras formas de comunicar. Y aunque aún me sigo sintiendo no entendido por ellos —y ellos probablemente también se sienten no entendidos por mí—, he aprendido que eso no significa que no nos queramos.
También comprendí que mi relación con la comida no era simplemente un problema de conducta alimentaria, sino una manifestación de mi impulsividad. Mi necesidad constante de tener un proyecto entre manos, de explorar, de no poder quedarme quieto, no era un defecto: era parte de mi funcionamiento neurológico. He aprendido a observarlo, a respetarlo y a gestionarlo, para no terminar una y otra vez en la frustración o el burnout.
Diagnóstico tardío
En 2025, con 35 años, recibí el diagnóstico formal de TDAH, tras años de sospecha. Y aunque no fue una sorpresa, sí fue un punto de inflexión. En mi camino como psicoterapeuta, empecé entonces a centrarme también en la evaluación de adultos neurodivergentes. Descubrí que muchas personas llegan al diagnóstico tarde, agotadas, con una sensación de haber vivido en disonancia. No necesitan solo una etiqueta: necesitan comprensión, acompañamiento, una comunidad que hable su idioma.
Entendí mis relaciones
Por fin entendí por qué mis relaciones —familiares, románticas, sociales— tenían dinámicas complejas que durante años me habían resultado difíciles de explicar. Ahí nació DivergentBrain. No como un simple centro de evaluación, sino como un espacio de transformación. Un lugar donde poder entenderte de verdad, sin juicios, sin reducirte a una etiqueta. Un proyecto que creé para los demás, pero también para mí: porque sigo en el proceso de conocerme, y sé lo valioso que es poder hacerlo acompañado.
Manuel MateuPsicoterapeuta